El extraño caso de Ronnie Brewer

Tener a Jerry Sloan como entrenador puede ser un auténtico privilegio o el mayor de los suplicios para un jugador de baloncesto. Tener a un entrenador con su trayectoria y experiencia no está al alcance de todas las franquicias, las ha visto de todos lo colores y lo ha conseguido casi todo (le falta el anillo que Jordan le negó dos veces consecutivas). Los jugadores hablan maravillas de lo que aprenden a su lado y cuando dejan los Jazz  salen totalmente curtidos: Raja Bell, Gordan Giricek… Pero el peaje que tienen que pagar no está al alcance de todos. La dureza y el carácter arisco de Sloan no está en consonancia con el prototipo de estrella NBA, egocéntricos y que creen que no tienen nada que aprender. Además, el uraño de Sloan se caracteriza por no regalar nada, rara vez reconoce el trabajo de sus jugadores, sobretodo a los jóvenes, y exprime hasta la última gota de sudor y talento de sus jugadores. Así, a jugadores que no han estado preparados psicológicamente, le ha ido muy mal a su lado y han hecho las maletas pronto. Destacaría los casos de Carlos Arroyo y Gordan Giricek, quien hace poco se marchótras la llegada de Kyle Korver y varias discusiones con Sloan, que han provocado que ahora practique en Phoenix su mejor baloncesto desde que llegó a la NBA. Sin el tortuoso camino que le hizo pasar Sloan no hubiese sido posible.

Por todo esto, el caso de Ronnie Brewer llama poderosamente la atención. Un jugador joven (23 años recién cumplidos) y sophomore tiene todas las papeletas para chupar mucho banquillo en Utah. Y da igual que tengas mucho talento y merezcas jugar. Ya le ocurrió a Deron Williams hace un par de años, que en su temporada de rookie jugó mucho menos de lo esperado y no se ganó la titularidad hasta pasados 20 partidos. De hecho jugaba de titular un jugador infinitamente inferior al Deron, toda una señal de Sloan para probar su carácter.

Pero el caso de Brewer a ojos de Sloan es diferente. Es un jugador muy atlético, gran defensor, con una excelente combinación de fuerza y velocidad que le permiten en su posición de escolta defender a las superestrellas de la Liga: Lebron, Kobe, T-Mac, Iverson… Y eso para Sloan no tiene precio, sobretodo porque asumió su temporada de rookie con menos minutos de los esperados sin rechistar al jefe del banquillo. Y porque Brewer es, sobretodo, un jugador de equipo, tremendamente regular, que funciona como un reloj sobre la pista: rara vez hará una actuación extraordinaria (para lucirse ya están otros: Boozer, Williams, Okur, Korver), pero también rara vez tendrá un mala noche. Esto es posible gracias a su sobresaliente acierto en tiros de campo (54,6% en sus dos años), sobretodo para el puesto de escolta: lanza a canasta cuando tiene que hacerlo, cuando está solo o ve fácil la penetración. Su trabajo es otro, defender a la estrella rival y hacer de “pegamento”, cubriendo aquellos aspectos que no hacen sus compañeros.

Sus 12 puntos de media esta temporada lo está convirtiendo en una pieza clave, aunque no tan visible como otros jugadores, de los Jazz de esta temporada. Un jugador que bajo las órdenes del polémico Sloan puede convertirse en ese comodín que a todo buen entrenador le gusta guardarse. Como dato curioso, su lanzamiento heterodoxo se debe a accidente que tuvo en un parque acuático cuando era un niño.

Ronnie Brewer

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